"Y la escuela es la gran ocasión ¿quién lo duda?. La escuela puede desempeñar el mejor papel en esta puesta en escena de la actitud de lectura, que incluye, entre otras cosas, un tomarse el tiempo para mirar el mundo, una aceptación de "lo que no se entiende" y, sobre todo, un ánimo constructor, hecho de confianza y arrojo, para buscar indicios y construir sentidos...Si la escuela aceptara expresamente - institucionalmente - ese papel de auspicio, estímulo y compañía, las consecuencias sociales serían extraordinarias."

Graciela Montes
La Gran Ocasión

jueves, 5 de marzo de 2015

La lectura en la Educación Inicial


El Nivel Inicial, primera etapa de la escolaridad formal, tiene el compromiso de iniciar el proceso de alfabetización de sus alumnos. No comienzan este largo proceso de la misma manera quienes ya han escuchado leer en voz alta, quienes han podido interactuar con libros y hablar sobre las obras, quienes se han hecho preguntas sobre el sentido de las marcas que ven en distintos textos y quienes no han tenido esa oportunidad. El jardín de infantes tiene que constituirse como un ambiente alfabetizador, brindando a los niños la posibilidad de interactuar con un conjunto de prácticas sociales que se organicen alrededor de lo escrito.


No se trata de ofrecer un espacio ambientado con letras, sino un lugar donde el maestro y los niños ejerzan las prácticas de lectura y escritura en su sentido social. Una práctica que propicia la formación de lectores en el nivel inicial es la “mesa de libros”, en la cual los niños tienen la oportunidad de encontrarse con las obras, explorarlas, seleccionar cuáles quieren leer solos o solicitando a otro que les lean, y de este modo ir enriqueciendo su gusto lector.


Otra práctica es la “lectura en voz alta por parte del docente y posterior espacio de intercambio de opiniones entre lectores”, en la que todos podrán hablar sobre lo leído, comentar el efecto que les produjo, hacer preguntas u observaciones sobre alguna imagen o fragmento del texto, releer un párrafo o una escena para volver a disfrutarla o porque evoca otra obra, o porque es necesario releerla para corroborar las interpretaciones.


Esta posibilidad de conversar sobre los libros, de compartir el efecto que las obras producen, de seguir haciéndose preguntas sobre lo leído, puede salir del ámbito de la sala y convertirse en la práctica de recomendar obras a otros, ya sea dentro o fuera del jardín. Las recomendaciones pueden ser orales o escritas y para hacerlas se necesita volver a las obras, releerlas con otra intención. En el jardín de infantes también los niños tienen que tomar contacto con materiales informativos con el fin de conocer más sobre diversidad de temas. Es por ello que se leen textos de divulgación, “textos difíciles”, que proponen desafíos lectores o que ofrecen la posibilidad de discutir su significado al confrontar interpretaciones.


El jardín de infantes tiene la obligación de ofrecer oportunidades pedagógicas para que todos puedan ejercer el poder de la lectura y la escritura con creciente autonomía. Esto no significa que los niños del Nivel Inicial tienen que egresar leyendo convencionalmente, ni produciendo escrituras alfabéticas, sino que en las salas se ejerzan diversas prácticas de lectura y de escritura alrededor de los libros para que, de este modo, se democraticen lecturas, ya que aun los que no leen convencionalmente tienen derecho a acceder al mundo de la cultura letrada.


Extraído de PRACTICA DIARIA DE LA LECTURA EN LA ESCUELA. 
Cuadernillo pedagógico.
Ministerio de Educación. Presidencia de la Nación

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